Tecnica de la tortuga
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HISTORIA DE UNA TORTUGA:
En una época muy remota vivía una tortuga joven y elegante. Tenía ______ años de edad y justo entonces acababa de empezar ________ curso. Se llamaba Tortuguita.
A Tortuguita no le gustaba ir al colegio. Prefería estar en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender nada de nada; sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos o pasar las horas muertas viendo la televisión. Le parecía horrible tener que hacer cuentas y más cuentas y aquellos terribles problemas que nunca entendía. Odiaba con toda el alma leer y lo hacía bastante mal, y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que le mandaban. Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros al colegio. En clase jamás escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruidos que volvían locos a todos. Cuando se aburría, y sucedía muy a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos. En ocasiones intentaba trabajar, pero lo hacía rápido para terminar cuanto antes y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal. Cuando esto ocurría arrugaba las hojas o las rompía en mil pedazos. Así transcurrían los días.
Cada mañana, camino al colegio, se decía a sí misma que iba a esforzarse todo lo posible para que no la castigasen en todo el día. Pero al final siempre acababa metida en algún lío. Casi siempre se enfurecía con alguien y se peleaba constantemente, aunque sólo fuera porque creía que el que la había empujado en la cola lo había hecho a propósito. Se encontraba siempre metida en dificultades y empezó a estar harta del colegio. Además una idea empezó a rondarle la cabeza: “soy una tortuga muy mala”, se decía. Estuvo pensando esto mucho tiempo, sintiéndose muy mal, muy mal.
Un día, cuando se sentía más triste y desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y más vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100 años y su tamaño era enorme. La tortuga sabia se acercó a tortuguita y le preguntó qué le ocurría. Tortuguita tardó en responder, impresionada por semejante tamaño. Pero la vieja tortuga era tan bondadosa como grande y estaba deseosa de ayudarla. ”Hola” dijo con voz profunda y atronadora, “voy a contarte un secreto. ¿No comprendes que llevas sobre ti la solución a los problemas que te agobian?”. Tortuguita no sabía de qué le estaba hablando. “Tu caparazón, tu caparazón”, dijo la tortuga sabia, “para eso tienes una coraza. Puedes esconderte en su interior siempre que te des cuenta que lo que estás diciendo o haciendo te da rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro de tu concha dispondrás de un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar la mejor solución. Así que ya lo sabes la próxima vez que te irrites, métete inmediatamente en tu caparazón”.
A Tortuguita le gustó la idea y estaba impaciente por probar su nuevo secreto en el colegio. Llegó el día siguiente y de nuevo Tortuguita cometió un error que estropeó su hoja limpia y reluciente. Empezó a experimentar otra vez sentimientos de rabia y de furia y, cuando estaba a punto de perder la paciencia y arrugar la hoja, se acordó de lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápida como el rayo encogió sus brazos, piernas y cabeza, apretándolos sobre su cuerpo, deslizándose hacia el interior de su caparazón. Permaneció allí hasta que tuvo tiempo para pensar qué era lo mejor para resolver su problema con la hoja. Fue estupendo para ella encontrarse allí tan tranquila y confortable sin que nadie la molestara. Cuando por fin salió se quedó sorprendida al ver que su maestra la miraba sonriente. Tortuguita explicó que se había puesto nerviosa porque había cometido un error. La maestra le dijo que estaba orgullosa de ella porque había sabido controlarse y entre las dos resolvieron el problema de la hoja. ¡Parecía imposible que con una goma y borrando con cuidado la hoja pudiera volver a quedar limpia!
Tortuguita siguió aplicando su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso en el recreo. Pronto todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter descubrieron que ya no se enfurruñaba sin motivo alguno. Al final de curso Tortuguita aprobó todo y ya no le faltaron nunca amigos.
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